miércoles, 25 de febrero de 2015

Las uvas de la ira. Golpe al sueño americano de la mano de John Steinbeck


Durante generaciones, emigrantes de todo el mundo han vendido hasta su alma para alcanzar el paraíso. La tierra prometida de los desesperados del mundo mana leche y miel y es el objetivo de los que nada tienen que perder. El esfuerzo a realizar es enorme pero la tierra fértil dará frutos y compensará el duro trabajo. Así, tras penalidades y fatigas algunos afortunados lograron llegar a América en busca de un futuro más amable.

Pero la realidad es muy diferente. La depresión ha terminado con la locura de los ríos con las orillas de oro, del dinero fácil y de la tierra que no hay apenas que cultivar para que produzca lo mejor. La verdad es que es muy tacaña y no regala nada. Las cosechas se pierden entre tormentas y sequías y si no hay dinero para mal comer menos aún lo hay para pagar las deudas. La mecanización de la agricultura ha dado la puntilla a los pequeños agricultores que no pueden competir con la capacidad de trabajo de un tractor y que, de paso, ha terminado también con la necesidad de mano de obra. Así, el terreno tan duramente arrebatado a los indios y a las serpientes cascabel es ahora propiedad de empresas, de bancos, de entidades difusas que expropian a los antiguos dueños y que solo buscan beneficios rápidos a bajo coste sin que importen las consecuencias de sus decisiones: la guerra necesita algodón, aunque ese cultivo agote el suelo rápidamente.

Entonces, cuando todo parece perdido surge un nuevo paraíso y los desposeídos vuelven al camino en busca, otra vez, de un destino mejor que les proporcione una vida digna. Ya no hay que cruzar un océano, pero las jornadas del viaje son igual de duras y el resultado no resulta ser lo que se esperaba. Miles de personas han tenido la misma idea y han creído en las bondades de las naranjas, del sol y en la facilidad de encontrar trabajo en esa tierra de promisión que se llama California... que no ha escapado tampoco al fantasma de la crisis.

Esa es la historia que cuenta esta magnífica novela. La odisea de la familia Joad que atraviesa el país en busca de El Dorado del Pacífico para encontrar que los tractores de los que huían han llegado también (y mucho más deprisa que ellos) a la tierra deseada para despojar al hombre de su pan y de su trabajo. Un camino que no lleva a nada y que solo muestra la desesperanza de aquellos que han perdido hasta su última esperanza. Quizá volver atrás sea lo menos malo.

El capitalismo feroz, la explotación de los trabajadores y sus pésimas condiciones de vida, los sindicatos (otra cara de la misma moneda), la posesión de la tierra con la lucha entre los pequeños agricultores y grandes corporaciones en la que siempre gana Goliath... Temas tabús en la feliz América destapados por John Steimbeck en este libro duro y a la vez muy muy humano, que narra la decepción de miles de hombres sin futuro durante la Gran Depresión y las razones que los llevaron a volver a emigrar en busca de una quimera que no era en realidad como pensaban. 

Una novela sobre la América profunda y oculta a la que no llegan las luces de Hollywood y que puedes disfrutar (es grande, muy muy grande) en nuestra Biblioteca

María Remedios Herrera Gutiérrez. Servicio de Adquisiciones, Préstamo Interbibliotecario e Información y Referencia.

miércoles, 18 de febrero de 2015

DE AMORES Y SUICIDIOS. "Marga", edición de Juan Ramón Jiménez

ANTONIO AGUILAR (Estepona, Málaga) es catedrático de Lengua Castellana y Literatura, Doctor en Filología Hispánica y Profesor Colaborador Honorario de la Universidad de Málaga. Sus farsas teatrales, Isabel es nombre de reina y Divino patrón (Málaga, IES “Miguel Romero Esteo”, 2000) han sido estrenadas en el Teatro Cervantes de Málaga ─esta última, traducida al catalán bajo el título Diví patró, forma parte del repertorio del “Teatre de Cambra del Cercle Artístic” de Malgrat de Mar (Barcelona)─. Una selección de sus poemas, El vicio de la seda (publicados bajo el heterónimo de Carmen Recatalá, en Versos de tiza II, Ciudad Real, IES Eladio Cabañero, 2005), ha formado parte del espectáculo teatral Hay amores que hablan que, dirigido por Blanca Portillo, se estrenó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en 1998. Como investigador, ha publicado Aspectos de poesía y poética en la lírica de Luis Antonio de Villena (Málaga, Universidad, 1996), Del paraíso a la palabra. Poetas malagueños del último medio siglo (1952-2002). Antología (Málaga, Aljibe, 2003), Todo a cien. Poesía española del siglo XX. Antología (Málaga, Aljibe, 2005) y La belleza callada de la noche. Introducción a la poesía de Luis A. de Villena (Sevilla, Renacimiento, 2008), y ha sido el responsable de la edición de Entre el Tigris y el Éufrates, de Javier Espinosa (Málaga, Centro Cultural de la Generación del 27, 2004) y de Ventanas interiores (Antología poética, 1984-2008), de Francisco Ruiz Noguera (Málaga, Fundación Málaga, 2008). Como antólogo ha participado en la edición de Desde la farola. Poesía española última (1989-2009) publicada en Málaga en 2010. El libro que te recomienda esta semana lo podrás encontrar, como siempre, en la Biblioteca de la Universidad

La historia es verdadera, singular y poco conocida por el gran público: la tarde del 28 de julio de 1932, en la ciudad de Madrid, Marga Gil Roësset, una joven escultora de 24 años, se disparaba un tiro en la sien. La misma mañana de su muerte había dejado a Juan Ramón Jiménez un breve diario en el que le confesaba que se había enamorado de él. El cariño por Zenobia, a la que no quería traicionar, y la imposibilidad de su amor la llevaban a tomar tan drástica decisión. 
Este episodio de la vida del poeta de Moguer es el origen de Marga, breve, aunque intenso, volumen que acaba de publicar la Fundación José Manuel Lara.  

El tesón de Carmen Hernández-Pinzón, sobrina de Juan Ramón, y la colaboración de Marga Clark, sobrina a su vez de la joven artista, han hecho posible que 80 años después, podamos acercarnos a un acontecimiento tan dramático que el poeta y su mujer jamás olvidarían.

El libro no es la reconstrucción biográfica de sus protagonistas en aquellos momentos, sino la publicación conjunta de los documentos que se han conservado y que pueden ayudar a comprender la actitud de unos personajes encerrados en un mundo lleno de prejuicios.  El libro, introducido por sendos prólogos de las sobrinas de los protagonistas, reúne las tres cartas de despedida de Marga (a Zenobia, a sus padres y a su hermana Consuelo), las casi 40 páginas del diario, algunos poemas que Juan Ramón le dedicó poco más tarde y una semblanza escrita por Zenobia. Todo ello acompañado de una completa documentación fotográfica. No hay reflexiones, explicaciones ni justificaciones; solo el propio relato de los acontecimientos. Será el lector quien, tras contemplar el anexo fotográfico y leer entre líneas, deberá llegar en soledad a sus propias conclusiones. Los dos textos de Zenobia resultan para ello absolutamente clarificadores. Literatura en estado puro.

Y una curiosidad, los dibujos que Marga realizó para ilustrar unas canciones de su hermana Consuelo, en francés y español, y publicados póstumamente por Signo  (1932) bajo el cuidado de Juan Ramón Jiménez, recuerdan mucho a los dibujos que realizó Antoine de Saint-Exupery para su Principito (publicado once años después, en 1943).

Antonio Aguilar

miércoles, 11 de febrero de 2015

Frankenstein. El desconocido monstruo de Mary W. Shelley

De Frankenstein, el imaginario popular siempre tiene la imagen del inmenso Boris Karloff en la película homónima de 1931 dirigida por James Wale, es sin duda una obra maestra del séptimo arte pero poco tiene que ver con la novela de Mary Shelley.

De hecho, la novela de esta escritora e intelectual británica realmente no pertenece al género de terror, sino que más bien es un drama con tintes de ciencia ficción que cumple con todos los requisitos de la corriente del romanticismo en la que se escribió en 1816.
El origen de Frankenstein está en un juego que propuso Lord Byron a sus amigos junto al lago de Ginebra donde veraneaban (esta anécdota fue recogida por nuestro director de cine Gonzalo Suárez en su película “Remando al Viento”  de 1987). Mary, por aquel entonces Mary Godwin, escribió un cuento breve al que después su futuro marido Percy Shelley le ayudó a convertir en su primera novela publicada en 1818.
Aunque en la novela encontramos muchos de los elementos usados por Hollywood o la productora británica Hammer asociados al monstruo, la búsqueda de cadáveres, la reanimación de un ser creado a partir de materia muerta, el rechazo del doctor a su criatura, etc. en “Frankenstein o el moderno Prometeo”, que es el título definitivo de la novela, nos enfrentamos a una reflexión casi herética por las implicaciones que puede tener si la aplicamos, en justa correspondencia, al ser humano con respecto a su creador: yo no pedí existir ¿por qué me has traído?... Si me has dado la vida ¿por qué no me has dado también la felicidad?... ¿Hasta qué punto eres responsable de tu propia obra?... ¿A qué clase de mundo me has traído?...
De esta manera, la novela va abandonando poco a poco la ambientación fantástica con tintes góticos y se va adentrando en el más puro drama teñido de fatalismo y sed de venganza.
La obra también es un maravilloso recorrido por la sociedad victoriana del siglo XIX, con su moral maniquea y bastante farisea, con su visión del mundo antropocéntrica en la que la ciencia le va arrebatando a Dios el lugar que tradicionalmente ocupaba desde hacía dos mil años.
Os animo a leer esta obra especialmente, quizás porque al ser un icono cultural todo el mundo piensa que la conoce y puede deparar muchas y agradables sorpresas zambullirse en su lectura para descubrir los matices que el celuloide no puede mostrar.
Búscala en las estanterías de nuestra Biblioteca: te sorprenderá.

Pablo Martínez. Biblioteca de Turismo

miércoles, 4 de febrero de 2015

Leído en otros blogs. Pedro Páramo, de Juan Rulfo.


Una semana más visitamos el blog de nuestro colaborador Siroco para traer, esta vez, una obra maestra de la literatura en lengua española. La brevedad de esta obra impacta a todos aquellos que la leen y por eso la tenemos en nuestra Biblioteca y la puedes encontrar, también, en la biblioteca pública más cercana a tu casa. No te la puedes perder, ni la novela, ni la estupenda reseña de nuestro colaborador.


No tengo un recuerdo nítido de la primera lectura que de joven realicé de "Pedro Páramo", si bien si tengo consciencia del raro sabor que me dejó. Ahora tras tantos años, la vuelvo a leer y saboreo el rancio aroma que el tiempo ha depositado en las palabras del escritor mexicano Juan Rulfo (1918-1986), es un sabor antiguo, indescriptible y gozoso, un sabor agrio que se desplaza a cada átomo del cuerpo soliviantándolo y haciéndolo respirar de suspiros.

La novela publicada en 1955, es breve, de apenas 90 páginas, de una contundencia rayana en la solidez más absoluta, construida con la precisión de un relojero, deshilachada con la plasticidad de un artista, explosiva y rotunda en sus diálogos cortos y en las situaciones descritas con la templanza de un guerrero.

Sin duda, no salgo indemne de la lectura de esta obra maestra del siglo XX, una obra capital y de referencia en la literatura latinoamericana. La novela que inicialmente iba a titularse “Los murmullos”, es una obra que se inicia con unas palabras ya inmortales:

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”

Es Juan Preciado quien nos habla en primerísima persona y ya se dirige a nosotros desde las profundidades de Comala, un pueblo de fantasmas, un estado, una situación más que un sitio donde las almas vagan sin posibilidad de salir. Porque al tiempo de leer la novela, nos damos cuenta que los que le hablan a Juan Preciado están todos muertos.

Comala, nombre que Rulfo tomó de la palabra “comal” lugar en el que se calientan las tortillas y, por tanto cercano al fuego; Comala es la antesala del infierno, un lugar con la puerta abierta al Hades y cerrada al Paraíso, el limbo donde los fantasmas de vidas pasadas aprovechan la llegada de Juan Preciado para contar sus historias.

Los murmullos que se convertirán en susurros y que matarán a Juan Preciado, pues es muerto la única manera de estar en Comala:

“Es cierto,Dorotea-confesará- me mataron los murmullos”

Las historias se mezclaran con lirismo y violencia, de fatalismo y mitología. Los continuos lamentos y sollozos, retazos y piezas sueltas de antiguos moradores se desarrollaran ante nuestros ojos con la certidumbre de oir a los que vagan sin remedio, sin destino, sin fin.

La poética de Rulfo es realmente poderosa y nos envuelve con la fuerza mágica de las palabras, por ejemplo, veamos como describe una imagen:

“El agua que goteaba de las tejas hacía un agujero en la arena del patio. Sonaba: plas plas y luego otra vez plas, en mitad de una hoja de laurel que daba vueltas y rebotes metida en la hendidura de los ladrillos. Ya se había ido la tormenta. Ahora de vez en cuando la brisa sacudía las ramas del granado haciéndolas chorrear una lluvia espesa, estampando la tierra con gotas brillantes que luego se empañaban. Las gallinas, engarruñadas como si durmieran, sacudían de pronto sus alas y salían al patio, picoteando deprisa, atrapando las lombrices desenterradas por la lluvia. Al recorrerse las nubes, el sol sacaba a la luz a las piedras, irisaba todo de colores, se bebía el agua de la tierra, jugaba con el aire, dándole brillo a las hojas con que jugaba el aire”

Una imagen descrita con una inusitada fuerza poética, fuerza que luego emplea con la suavidad y la contundencia del trueno de la memoria para darnos a conocer las excentricidades, las íntimas torturas y los desprecios sobre los otros de su padre el cacique Pedro Páramo, la angustia por la muerte prematura de su hijo adolescente Miguel Páramo, actor de tropelías y abusos sexuales y el deceso de la única mujer de las cientos que tuvo y que amo verdaderamente, Susana San Juan.

Todos los personajes: doña Eduviges, Damiana Cisneros, Fulgor Sedano etc. hablan con los susurros a veces delirantes de los hechos que les marcaron en su relación con Pedro Páramo, con los gritos de desesperación de los muertos en vida y sin esperanza, son los ecos de la memoria de Comala, un sitio que es más un estado inerte, una geografía universal del dolor.

Con los aires de Kafka, Hamsun o Faulkner, como dice el escritor mexicano Jorge Volpi:

“Todo aquel que se atreve a leerla, como todo aquel que decide adentrarse en Comala, no sale indemne de la experiencia. Tras haberla leído, tras haberla escuchado, ahora nosotros también estamos contaminados con la muerte y ello, acaso, nos otorga una nueva vida”.

Sin duda, ya una de mis novelas favoritas.

miércoles, 28 de enero de 2015

Una palabra tuya, de Elvira Lindo

Elvira Lindo (Cádiz, 1962), conocida por su personaje de Manolito Gafotas, recibió en 2005 el Premio Biblioteca Breve por la novela "Una palabra tuya", llevada al cine en 2008 por la ex-ministra Ángeles González-Sinde.

A Rosario, la protagonista, no le gusta ni su cara ni su nombre. Lo desprecia todo y a todos, pero es incapaz de cambiar, porque cree que nació marcada y no hay solución. Está llena de pensamientos canallas y ruines, y considera que la vida ha sido injusta con ella. Para colmo, le ha tocado a ella sola cuidar de su madre senil, ya que su única hermana vive en Barcelona con su familia y no quiere saber nada. Pero pese a su crudeza juzgándolo todo y a todos, es vulnerable.
Milagros, su amiga desde la infancia, es todo lo contrario: pura inocencia, con una verborrea imparable, siempre de buen humor y dispuesta a ayudar a su amiga Rosario, feliz de ser necesitada.
Después de varias fases en su amistad, ahora trabajan juntas como barrenderas, y será durante una jornada de trabajo cuando sus vidas cambiarán por completo. "Qué poco sabemos de los demás", pensará nuestra protagonista después de todo.
El tercero en discordia es Morsa, un compañero de trabajo, algo bruto y simple, pero que anda enamorado de Rosario, muy a su pesar.

La novela está narrada en primera persona por Rosario, que no se calla nada, y con un lenguaje grosero nos va describiendo a la gente, su entorno, su vida sexual, su realidad más cruda. No hay espacio para el romanticismo ni para las ilusiones gratuitas. Es un relato de la lucha que libra Rosario consigo misma, incapaz de aceptarse a sí misma y a todos los que la rodean. ¡Si su máxima aspiración en la vida es ser normal! Una obra cruda y tierna a partes iguales.

Si te interesa su lectura, contamos con un ejemplar en la Biblioteca Universitaria.

María del Mar Barrios, Biblioteca de Turismo.
Rosario no encubre nada: la gente, el entorno, la vida sexual o amorosa, todo lo pone ante nuestros ojos en su realidad más cruda. No hay espacio para los refinamientos ni para las ilusiones gratuitas. - See more at: http://www.elviralindo.com/blog/sobre-elvira-lindo/sobre-una-palabra-tuya/#sthash.TehMJsrP.dpuf

miércoles, 21 de enero de 2015

La ridícula idea de no volver a verte. Rosa Montero habla de Marie Curie


Tan natural como la vida es la muerte. Nacimos para morir, y sin muerte no se entiende la vida. ¡Pero qué difícil es asumir la muerte de aquellos que queremos!

Cuando ya no está la persona amada, cuando de pronto ya no está pero no se ha ido, porque ha olvidado llevarse ropa y fotos, su cepillo de dientes que sigue en el mismo sitio, y su silueta queda marcada en su sillón. El libro en la mesilla de noche, las llaves en el mueble del recibidor, el abrigo sobre una silla y mirar el reloj a la hora a la que habitualmente volvía a casa. Cosas y costumbres. Recuerdos que abruman de pronto y que hacen que la idea de reconstruir la propia vida sea una empresa que no se puede tener en cuenta porque no se sabe por dónde empezar. ¿Qué pastilla se puede tomar para acallar ese dolor?


A la autora de este libro le pasó eso. Perdió a su compañero y tuvo que empezar de nuevo, desde ese cero solitario que, al que lo sufre, le parece absolutísimo. ¿A qué hay que agarrarse para volver al mundo? A las lágrimas, a la negación, a la rabia con el ausente, pasar por las famosas fases del luto... O a identificarse con otros que están en nuestra misma situación. Como por ejemplo, con Marie Curie.

Escribir es una excelente manera de conjurar fantasmas. Así lo entendió Marie Curie y así hizo Rosa Montero. La primera, escribiendo un diario sobre el ausente, para el ausente y sobre todo para ella. Para no olvidar detalles minúsculos y para a la vez aprender a superar el dolor. Y Rosa Montero analizando ese diario y, de paso, la figura de la famosa científica.

Las mismas experiencias en dos tempos nos ayudan a conocer el corazón que late bajo la bata del laboratorio y las pequeñas rutinas que se añoran del ser amado. Aprendemos que tras la leyenda de la ciencia hay una persona de carne y hueso, una mujer que soñó en su juventud con ser escritora, que se enamoró perdidamente y que sufre y se desespera cuando él ya no está. 

Y que la desesperación de Curie no es cosa de siglos pasados. Se sigue reproduciendo hoy en día. Se vive cada vez que alguien pierde algún ser amado y que es algo que no cambia por más tiempo que pase y que podemos observar al leer la parte actual, las vivencias de una vida en pareja que ya no existe narradas por una mujer de hoy. 

Un libro personal e intimista que pone de relieve lo difícil que es asimilar la muerte de aquellos a quienes amamos y que te emocionará. Es por eso que te lo traemos esta semana al blog y que lo tenemos en la Biblioteca. Para ti.

María Remedios Herrera Gutiérrez. Sección de Adquisiciones, Préstamo Interbibliotecario e Información y Referencia.

miércoles, 14 de enero de 2015

Beatriz y los cuerpos celestes, de Lucía Etxebarria



Dentro del mes temático dedicado a escritoras españolas Ellas tienen talento, hoy le toca a Lucía Etxebarria (Valencia, 1966), escritora de narrativa, poesía, ensayos y guiones, que ganó el Premio Nadal 1998 con su segunda novela, Beatriz y los cuerpos celestes: una novela rosa, en parte autobiográfica y de carácter feminista.

Beatriz, la protagonista, tiene 22 años y lleva cuatro estudiando en Edimburgo, a donde se marchó por sugerencia de su padre para estudiar inglés un año, sugerencia que aceptó encantada ya que no tenía muy claro lo que quería hacer con su vida y así perdería por fin de vista a su padres y el recuerdo de una infancia claustrofóbica. Pero Bea se sigue sintiendo fuera de órbita.
“¿Para qué intentar huir y dejar atrás la ciudad donde caíste? ¿Por la vana esperanza de que en otro lugar, en un clima más benigno, ya no te dolerán las cicatrices y beberás un agua más limpia? A tu alrededor se alzarán las mismas ruinas de tu vida, porque allá donde vayas llevarás a la ciudad contigo. No hay tierra nueva ni mar nuevo, la vida que has malogrado malograda queda en cualquier parte del  mundo".

A punto de regresar a Madrid, ciudad que añora pero a la que no quiere volver, recuerda cómo era su vida allí antes de marcharse, cuando era una adolescente de 18 años que adoraba a su única amiga, Mónica. Junto con el amigo de turno de ésta, Coco, se pasaban los días y las noches de aquí para allá, bebiendo, tomando drogas, bailando, trapicheando… Era una adolescente insatisfecha, desencantada, en permanente huida y que se dejaba arrastrar por Mónica, muy segura de sí misma, alocada y desinhibida. Pero ese ajetreo terminará en un colapso que le planteará la necesidad de un cambio en su vida.
También en Edimburgo va a dejar atrás a Cat y a Ralph, sus amantes, ya que allí descubre que el amor no tiene género, que lo que importa es la esencia, lo que hace a una persona diferente de todas las demás. 
“Por soledad los busqué, en soledad los recuerdo”.

La novela pasa del presente al pasado continuamente, explicando la evolución y las distintas etapas de la vida de Beatriz, que es la que narra la historia. Aunque la autora podría haber abreviado en algunas salidas nocturnas que se hacen repetitivas y pese a ese aire neurótico y snob que la caracterizan, el libro está bien escrito y lleno de reflexiones sobre la amistad, el amor, el sexo, la familia… que dan mucho que pensar. Recomendable absolutamente.

Si te animas a leerla, contamos con diversos ejemplares en las diferentes bibliotecas de la Universidad de Málaga. 


María del Mar Barrios, Biblioteca de Turismo.