miércoles, 29 de julio de 2015

De camino al dentista me encontré con Morris Townsend: "La Heredera"

La situación que ahora os cuento, me inspiró el tema de este post sin yo buscarlo. Un muchacho alto, joven, muy moreno, aporreaba con fuerza la puerta de entrada a un edificio antiguo del centro. Llamaba gritos a una tal Ana María. La intensidad de los golpes en la puerta, un cierto matiz de desesperación en sus voces y la ausencia de respuesta por parte de la susodicha, me recordaron a Morris Townsend en la escena final de La Heredera, clásico que William Wyler dirigió en 1949. 

La Heredera se basa en la novela “Washington Square” (1880), de Henry James. El escritor tomó la idea de una anécdota que le contó una amiga acerca de su hermano, quien buscando asegurarse una vida de lujos sin esfuerzo, planeó  casarse con una joven tan rica como poco agraciada. El padre de la chica, adivinando las intenciones del cazafortunas, amenazó con desheredarla. Frustradas sus esperanzas de una vida regalada, el joven rompió el compromiso, dejando a la chica con el corazón roto.

Este es uno de los pocos ejemplos en los que me gusta más la adaptación cinematográfica que la obra escrita, siendo la novela una lectura magistral. Pero el final de la película, ¡ay, ese final! Me desvié de mi ruta sólo para observar al chico, que seguía llamando con insistencia a la ausente Ana María. Faltaba la aldaba en la puerta y en lugar del carruaje victoriano había una scooter aparcada enfrente, pero las mentes adictas al cine y la literatura suelen pasar por alto estos nimios detalles.

La misteriosa Ana María ¿sería una chica tímida y feúcha, algo simplona pero de buen corazón, como la Catherine Sloper de Henry James? Con tantas voces temí que el estricto doctor Sloper saliese de repente por la puerta y nos reprendiera al chico y a mí severamente por aquel escándalo intolerable. 

Austin Sloper es un famoso médico viudo perteneciente a la alta burguesía del Nueva York de mediados del XIX. Tiene una única hija, Catherine, a la que trata con desprecio condescendiente, proyectando en ella su cínica amargura. La compara siempre con su bella y desenvuelta esposa, ya difunta, de la que estaba (y sigue estando)  profundamente enamorado.  Se avergüenza de su hija por su físico vulgar, su falta de ambición, su escasa inteligencia. Catherine, por el contrario, ama y respeta de verdad a su padre, sin reparar en la ausencia de cariño del que es objeto por su parte.
En la boda de su prima conoce a Morris Townsend, joven muy guapo y brillante, pero sin fortuna familiar ni oficio conocido, que de inmediato se muestra atraído por ella. La tía Lavinia, hermana del doctor Sloper, que vive con ellos en la casa de Washington Square, alimenta con sus fantasías románticas la relación entre ambos, haciendo caso omiso de las advertencias del doctor que se opone a las intenciones de la pareja.

A mi parecer, en la película, Montgomery Cliff representa el papel de Morris  a la perfección, y eso que el propio actor jamás estuvo contento con su interpretación. No es porque cuadre totalmente con la descripción que de él hace Henry James, sino al contrario. El Morris de la película es mucho más ambiguo y sutil que el Morris de la novela, y resulta complicado adivinar sus verdaderas intenciones. Creo que ahí radica su acierto, en dejarnos  siempre pensando ¿y si de verdad…?

Olivia de Havilland, que ganó el Óscar a la mejor actriz,  está perfecta como la heroína que va transformándose a medida que avanza la trama y descubre la falsedad y la traición de quienes debían haberla amado sinceramente (padre, tía, pretendiente). La  joven ingenua y de buen corazón, sin apenas intereses fuera de sus bordados, termina convertida en una mujer implacable, incapaz de sentir ninguna compasión, muy parecida a su padre (en la película, Ralph Richardson).

Junto al rotundo final de la película (más desvaído en la novela y menos impactante, aunque el resultado sea el mismo) destaco la escena en la que Morris/Montgomery Cliff canta al piano la canción "Plaisir d'amour” a Catherine/Olivia de Havilland. 
En dos líneas, la letra de la canción condensa el drama de esta historia:

    Placer de amor dura sólo un momento.
    Pena de amor dura toda la vida.

Con tanta asociación de ideas se me hizo un poco tarde. Deseé  entonces que, para rematar el cuadro, y antes de salir pitando para el dentista,  el muchacho de la puerta hincara una rodilla en tierra  y, tocándose el corazón con las manos, entonara a capela esta canción que, como curiosidad, inspiró la célebre “Can’t help falling in love with you” de Elvis Presley. 

No lo hizo, y como yo tenía prisa me quedé con la duda de si, al final, Ana María abrió la puerta, fundiéndose los dos en un abrazo o, por el contrario, la puerta siguió cerrada a cal y canto mientras arriba, en el piso, Ana María corría las cortinas como quien corre un tupido velo sobre su pasado.

Puedes disfrutar de esta película fantástica... y leer, en versión original, la historia que James ideó. 

Rocio Martinez Bocero. Biblioteca de la Universidad de Málaga.

miércoles, 22 de julio de 2015

Cristal, de Sam Savage, un monólogo sobre la soledad



Sam Savage (Carolina del Sur, 1940), autor de la novela superventas Firmin: aventuras de una alimaña urbana (2007), publicó Cristal en 2012, novela en la que se puede apreciar una clara evolución hacia personajes más maduros y complejos. 

A raíz del encargo que una editorial hace a Edna para que escriba un prólogo para la reedición de una novela de su marido fallecido, Clarence, nuestra protagonista inicia un recorrido sobre su vida, presente y pasada. A base de “darle a la tecla”, Edna se lía y empieza a escribir la historia de su vida, sobre su infancia, su matrimonio, la soledad y su incapacidad para salir de ella, el trabajo, los vecinos… todo ello de una forma muy desordenada y con cierto toque de humor. Escribe lo que se le va ocurriendo y divaga entre unos temas y otros, perdiéndose en el tiempo.

Edna se ha sentido siempre infeliz e incomprendida. Ya en su infancia fue una niña detestable, que hartaba a las niñeras con su carácter colérico y con unos padres que sólo iban a lo suyo, cada uno por su lado. Tampoco en su matrimonio fue feliz, llegando su marido a decirle que le faltaba energía vital, que le faltaban las ganas de vivir. Es una mujer que siempre ha sentido una vasta intransigencia hacia todos y todo, a pesar de saber que eso le ha cerrado el camino a la felicidad y a romper con la soledad.

La novela es básicamente un monólogo, escrito con sencillez y mucho sentimiento, pero sin un argumento concreto, y que se lee con facilidad, invitando continuamente a la reflexión. 

Una lectura inolvidable que encontrarás en la Biblioteca Universitaria.

María del Mar Barrios Rozúa, Biblioteca de Turismo

miércoles, 15 de julio de 2015

Cartas de amor a Vita. Violet Trefusis declara su amor

¿Cómo es un amor de verdad? ¿En qué se parece la historia de amor de cualquiera de nosostros a la mejor novela romántica? Para conocer una pasión real, no hay nada como seguir las pistas que van dejando aquellos que la vivieron. El libro de esta semana no es una novela, pero es más apasionado que cualquier romance de ficción. No es una biografía, pero es mucho más reveladora de lo que cualquier estudioso pudiera imaginar. Es el retrato de un amor de primera mano, el vivido por Violet Trefusis en las cartas que envió a su amada Vita Sackville-West, una socialite de clase alta, que acaparó comentarios durante toda su vida por sus amores escandalosos con otras mujeres. 

Es que "Violet ama a Vita" de verdad. Es fácil imaginar, cuando se lee este libro, a la enamorada adolescente dejando constancia del objeto de su deseo en los márgenes de los libros de texto: Vita. Es así como comienza esta historia real: con dos jovencitas que se encuentran en un internado, que se enamoran y que se embarcan en una relación nada escondida entre Francia, Italia e Inglaterra. Con bodas consentidas y obligadas, con partos y separaciones. Con maridos persiguiéndolas por el continente como en la mejor novela de acción. Y con más cotilleos a sus espaldas que en un programa de sobremesa de televisión privada. Pero eso no importa. No cuando es el amor quien domina.

Loca de amor, en estas cartas asoma una Violet apasionada, obsesiva y violenta en su febril pasión adolescente. Solo una vez en la vida se ama así. Y no es para menos. Vita tiene sangre española (es nieta de una bailarina malagueña; Josefa Durán) que aporta exotismo a su belleza. Es encantadora y refinada como corresponde a la hija de un barón. Tiene talento y posición social. Enamorarse de ella es fácil y Violet no puede menos que caer en sus manos. Una media manzana tentadora que se deja morder, que aparece distante, coqueta y voluble. Quizá Vita no ame a Violet. No en la medida que ella desearía, pero esa imagen de la otra mitad es parcial: nos faltan las respuestas (las respuestas no sobrevivieron: el marido de Violet las quemó) y esa carencia hace que el retrato que queda de ella tras leer el libro sea incompleto y desvirtuado por la desmedida pasión que la autora sintió. Vita amó a Violet como luego amó a Virginia Wolf y como antes había amado a otras, aunque pueda parecernos al leer esta correspondencia que no fue así y que solo se dejaba querer.

El final de la historia es previsible: Vita termina ahogándose en el amor de Violet. Está cansada de rodar sin rumbo fijo, de los celos, de soportar los altibajos de un amor tan acaparador y retorna a casa, al marido, a los hijos y el seno de la buena sociedad. 

Pero para Violet no es así. No puede resignarse a perderla y las cartas siguen llegando al hogar de la amada. Llenas de promesas de amor eterno, de amenazas, de súplicas por un encuentro más, de quejas por las respuestas desganadas y frías... Al fin, la correspondencia cesa. No hay más mensajes, no llegan las postales ni las palabras anheladas. Y al final quedan olvidadas en una maleta las cartas junto a todo el amor que Violet dio.

No puedo menos que recomendarte esta lectura. Este librito de cartas pone de relieve un amor que (como los amores de verdad) no son distintos del que cualquier persona puede sentir hoy en día. No resulta una lectura pesada, como cabría esperar en un mundo en el que recibir un sobre con un papel dentro que no sea una factura o publicidad se ha convertido en algo muy raro. En realidad, los contenidos de las misivas no varían (en muchos casos) de los mensajes de texto actuales. Lo que varía es el medio: piensa en postales que desean un buen día o que informan del tiempo como si fueran un sms demorado y podrás leer este libro como si se hubiera escrito ayer. Y lo disfrutarás exactamente igual. Por eso está en la Biblioteca.

Remedios Herrera Gutiérrez. Servicio de Adquisiciones, Préstamo Interbibliotecario e Información y Referencia.

miércoles, 8 de julio de 2015

Turismo de interior, de Cristian Alcaraz: adonde viajan los poetas

Turismo de interior, primer libro de poemas de Cristian Alcaraz (Málaga, 1990), que recibió el III Premio de Poesía Joven “Pablo García Baena” que convoca La Bella Varsovia (con la colaboración de la Oficina Municipal para la Capitalidad Cultural Córdoba 2016 y Cosmopoética) es, ante todo, un libro generacional, pero también un libro singular.

El poemario se abre con una cita (¿Un mal viaje? Todo este país, todo este mundo está en un mal viaje, amigo) que puede resultar engañosa, no tanto por su contenido, los poemas sí que relatan la experiencia de un viaje interior, sino por el nombre del poeta elegido como pórtico: Bukowski. El poeta Bukowski se ha convertido en símbolo (junto a Raymond Carver) del “realismo sucio” americano, un tipo de escritura irreverente y provocativa que tuvo su momento culminante en la segunda mitad del siglo pasado, y que (parece) vuelve a ser reivindicado por algunos poetas jóvenes y no tan jóvenes (como heredero directo de esta corriente puede leerse El dardo en la llaga (2010), penúltimo, y demoledor, libro del veterano José Infante; y la antología, Feroces, radicales, marginales y heterodoxos en la última poesía española (1998), coordinada por Isla Correyero, apuntaba ya esta dirección como una de las más transitadas por los nuevos poetas).

Pero que nadie espere encontrar en este libro palabras malsonantes o imágenes provocativas. El viaje interior que propone Cristian Alcaraz, poeta que apenas tenía veinte años cuando escribió estos poemas, es mucho más sutil, el del difícil paso a la edad adulta. Un trayecto jalonado de miedos y dudas (esos monstruos que permanecen agazapados bajo la cama o la certeza de que la emancipación es siempre anticipada), pero también de momentos en que el adolescente quiere mostrar su capacidad de decisión y su valentía ante un mundo que se le antoja ajeno e incomprensible (así, el viajero decide que “yo también quiero estar enamorado” o  confiesa “tengo un secreto”). Aunque en realidad esos momentos de afirmación sean tan breves que finalmente se prefiera la vuelta a la casa paterna, representada por la figura de la madre. Quizás ningún otro poema del libro refleje mejor esa dicotomía adolescente que “he salido de mamá / y ahora me vuelvo hacia ella / porque fuera hace frío / hay palabras / me cortan los dedos en el parque / me quitan los ojos los hijos del mar / y escuece”. Porque esa perplejidad, en la que queda perfectamente dibujada la difícil entrada al mundo de los adultos, es la que hace de este libro un libro generacional: la de los adolescentes de esta primera década del siglo, perfectamente retratados, y por tanto reconocibles, a lo largo de los casi treinta poemas que componen el texto. Y aunque pueda parecer inevitable que un libro aparezca como hijo de su tiempo, esa inevitabilidad es solo aparente. Son muchas las ocasiones en que se cae en la impostura por ese afán de hacer de un libro, y de un lenguaje, que sea absolutamente contemporáneo. No es este el caso. El poeta, por edad, habla, vive y siente en la contemporaneidad y, por tanto, no tiene la necesidad de subrayarla. Y ello puede verse claramente en un poema como “iniciando sesión”. El lenguaje propio de los distintos chat de internet (nueva plaza pública) aparece incorporado al texto del poema con la más sencilla naturalidad. Los sugerentes nicks, los programas, las conexiones o los sistemas operativos se convierten, por obra y gracia del poeta, en vocabulario no solo generacional, sino también decididamente poético. Y esa eficacia es lo que hace que este libro sea también un libro singular.

Porque para que un libro de poemas sea de verdad un buen libro de poemas no basta con que haya una intención, es necesario además que el lenguaje utilizado huya de clichés, estereotipos o modas más o menos pasajeras, y que ese mismo lenguaje sea manipulado de forma consciente para extraerle todas sus posibilidades expresivas. 

Es cierto que este poemario resulta deudor de Las afueras, de Pablo García Casado, y así lo reconoce el propio Cristian Alcaraz en los agradecimientos que cierran el texto: “A Las afueras, y a Pablo García Casado (irremediablemente)”; pero en realidad esta deuda resulta más epidérmica que medular: el uso heterodoxo de minúsculas y puntuación, o cierto aire generacional (algo inevitable por otro lado en dos poetas que huyen de la impostura). Porque fondo e intención son absolutamente distintos. Y esta singularidad puede verse en uno de los poemas más conseguidos de este Turismo de interior: “Cruising”; un poema, que como toda buena poesía, contiene muchas otras lecturas. Alcaraz utiliza el cruising, (anglicismo que ha sustituido en el argot homosexual al castizo, y pasado de moda, cancaneo, con el significado de “actividad de buscar sexo en lugares públicos”) como metáfora de la vida adulta: el placer que supone ser libre y dueño de tu destino tiene como contrapartida la obligación de tomar decisiones, equivocarte y exponerte a la censura de los demás. Por eso es preferible volver a la infancia y regresar al regazo materno. Resulta ejemplar en el poema el uso de la anáfora (espero… / espero… / espero…) que  a lo largo de toda la primera parte del texto va retardando el momento del encuentro, hasta que, ya en la segunda parte, se convierte en una catarata incontenible que, arrastrando al viajero, lo salva de la intemperie (espero que no me guiñe nadie en este cuarto de baño público / que mamá no compre nada / que me coja del brazo y me lleve a casa / que me dé seguridad / y una manta y un castillo sin cuartos de baño públicos). Ha bastado al poeta un par de recursos bien utilizados para que el poema se convierta en un metafórico y veraz retrato del mundo adolescente: la atracción/repulsión ante la libertad de vivir /degustar los placeres prohibidos. Y no es casual este recuerdo cernudiano. Porque como una manera de cruising (o cancaneo) puede leerse un sugestivo poema de Los placeres prohibídos, el titulado “No decía palabras”: Un roce al paso, / una mirada fugaz entre las sombras, / bastan para que el cuerpo se abra en dos, / ávido de recibir en sí mismo / otro cuerpo que sueñe; / mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne, / iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo. Un poema que, por cierto, está fechado la tarde del 13 de abril de 1931, un día antes de que la República, y su ideal de libertad, fuera proclamada. 

En fin, un poemario en el que el mundo adolescente queda reflejado en el lenguaje (rápido, sincopado, coloquial), las preocupaciones (la familia, el amor, el sexo), y la dificultad para asumir las responsabilidades propias de la edad adulta. Un viaje al interior que tiene como destino irremediable la asunción del vértigo y la perplejidad a que está abocado el hombre contemporáneo.

[Cristian Alcaraz recibiría en 2012 el Premio de Poesía Andalucía Joven por su segundo poemario, La orientación de las hormigas (Renacimiento, 2013)]

Antonio Aguilar. catedrático de Lengua Castellana y Literatura, Doctor en Filología Hispánica y Profesor Colaborador Honorario de la Universidad de Málaga. Dramaturgo y poeta.

Cristian Alcaraz está en la Biblioteca: no te pierdas su poesía.

miércoles, 1 de julio de 2015

Leído en otros blogs: Milena o el fémur más bello del mundo, de Jorge Zepeda Patterson

El premio planeta de este año lo traemos del blog de nuestro amigo Siroco. Un comentario tan atinado y fantástico como todos los que hace nuestro colaborador que esperamos que te guste. La novela, además de en cualquier librería, la puedes encontrar en nuestra Biblioteca y también en las de la Red de Bibliotecas Públicas de Andalucía. Hay un ejemplar cerca de ti. Seguro que si.

Acercarse a un premio Planeta siempre es inquietante, saber que vas a comenzar a leer un libro con 200.000 ejemplares de tirada y 601.000 € de premio te hace vacilar y si además se llama con ese título tan largo y extraño como “Milena o el fémur más bello del mundo” siendo su autor un mexicano con nombre tan largo como el fémur y el título: Jorge Zepeda Patterson, pues ya me diréis.

La novela es la historia de un viaje, el viaje de una joven que es raptada de su Croacia natal con apenas dieciséis años. Milena, la protagonista de la novela, cuyo nombre originario es Alka, será violada y convertida en una prostituta de lujo en Marbella,. Nos adentramos en un  viaje al fondo turbio de los más bajos instintos que se albergan en las personas que juegan con los demás de la forma más terrible. Al final del viaje, ya diez años después veremos a Milena o el fémur más largo y bello del mundo en el México de la corrupción, donde será la protegida de un director de un  periódico importante del país llamado Rosendo Franco, el periódico se llama El Mundo y será el acto carnal de ambos el que constituye el punto de arranque de la novela, un acto que le llevará al empresario a la muerte, en pleno orgasmo.

Jorge Zepeda, periodista y redactor del periódico El Universal, construye un entramado atractivo y sugerente.

Los azules, Tomás Arizmendi, Amelia Navarro y Jaime Lemus, son el triángulo de amigos desde la niñez, que toman el apodo del color de las libretas que portaban en el colegio por regalo del padre de uno de ellos, del padre de Jaime, el cual mantuvo una relación con Amelia cuando esta era adolescente, relación que presencia su amigo Jaime y que marcará la relación de por vida. Amelia es dirigente de la izquierda en México.

Tomás es redactor de El Mundo que se convertirá, por deseo expreso de Claudia la hija del empresario fallecido, en el director del periódico y Jaime es el dueño de una compañía de vigilancia y seguridad, la más importante del país. Los tres son ahora poderosos y los tres se interrelacionan entre la admiración y la desconfianza, entre la amistad y el recuerdo. El bonachón Tomás, ahora pareja de Amelia, es mirado con recelo por el apuesto Jaime que siempre la quiso y nunca la obtuvo.

Milena es el objeto de sus apuestas y desvelos, el agua que recorre los laberintos que los unen. Milena es la presa que todos ansían tener, el premio al más inteligente y valiente.

Paralelamente discurre otro triángulo de jóvenes que se interrelacionan: Rita, Luis y Vidal. Tres jóvenes ambiciosos y preparados para seguir con el juego de poderes de los azules. Rita, asesora a Amelia. Luis, experto en informática es el más puro de los tres y llegará a tener relaciones tanto con Rita como con una Milena asediada por las mafias mexicanas y rusas y Vidal es un inexperto espía que será influenciado por Jaime.

Milena, la “puta pendeja ilustrada” esconde una bomba y un tesoro de valor incalculable, una libreta negra que todos codician, porque Milena será a partir de un momento en Marbella, utilizada astutamente por Vila-Rojas, del clan de los Flamingos, una puta observadora que anotará los pensamientos y hábitos de la gente que pasa por su alcoba, son millonarios y corruptos, altos funcionarios, políticos de altura, mafiosos del este de Europa. En definitiva, Milena esconde como salvoconducto de su vida, lo que ella llama Historia de los cromosomas XY, luego llegaremos a descubrir que tras eso hay una cosa más importante.

La narración está construida a modo de diario, todo se desarrolla en no más de dos semanas, entre el 6 y el veinte de noviembre, aunque tiene continuos flashback en la vida de Milena en Marbella, dado que solo el último año de los diez en que vive la historia de la puta croata se desarrolla en México.

La cercanía a una realidad desconocida para el común de los mortales, contemplar y palpar los entresijos del poder económico y político, de las mafias, de los políticos y funcionarios. Tener trato con tipejos proxenetas como Boso y El Turco. Vivir escenas con antiguos funcionarios ahora intermediarios de los que manejan el poder económico globalizado o con las familias rusas y ucranianas enfrentadas y que dominan el panorama oscuro y embarrado de la mafia en Europa, convierten a la novela en una trepidante aventura que nos dejará pegados a las imágenes que evocan las palabras de Zepeda.

No obstante, he de reconocer que la novela se hace larga, excesivamente larga, tal vez tan larga como el fémur de la croata Alka que tantos vaivenes pélvicos produce en la historia.

Una atractiva historia para un verano en el que nos adentramos

jueves, 25 de junio de 2015

"Anoche soñé que volvía a ¿Manderley? ¿Mendeley?". Rebecca

Me temo que ya nunca me saldrá a la primera el nombre de la imponente mansión de Maxim de Winter, viudo de Rebeca, presencia fantasmagórica alrededor de la cual orbita la novela homónima  que la escritora inglesa Daphne du Maurier publicó en 1938.

Si la Universidad de Málaga no estuviera en proceso de cambio hacia un nuevo gestor bibliográfico, en mi cabeza permanecería clara, distinta, la primera línea del texto y las primeras palabras de la voz en off con las que comienza la película de Alfred Hitchcock:

“Anoche soñé que volvía a Manderley”

El nombre del nuevo gestor, Mendeley, una aplicación informática para manejar citas  y referencias, nada tiene que ver con viudos atormentados, ni con esposas muertas en extrañas circunstancias, ni muchísimo menos con siniestras amas de llaves de figura enlutada, enfermizamente obsesionadas con el pasado. La similar grafía, Manderley (mansión de Winter)- Mendeley (gestor bibliográfico), y la parecida pronunciación, hacen que la gimnasia recuerde continuamente a la magnesia. Y es precisamente el recuerdo una constante en esta historia que, con sus tintes góticos, recuerda a su vez a otro gran clásico, Jane Eyre.

Como vi la película mucho antes de leer la novela, nunca tuve libertad para imaginarme los rostros de los protagonistas. Lejos de molestarme, agradezco a Hitchcock esta imposición. Creo que el cuarteto formado por Laurence Olivier (Maxim de Winter), Joan Fontaine (segunda esposa de Maxim), Judith Anderson (Mrs. Danvers, el ama de llaves) y George Sanders (Jack Favell, primo y amante de Rebeca) es, sencillamente, fantástico. No podría escoger entre novela y película, a pesar de que la adaptación cinematográfica se haya permitido varias licencias. La más notable son las circunstancias que rodean la muerte de Rebeca, ya que la autocensura hollywoodiense de la época exigió hacerla “moralmente” más aceptable.

La novela comienza en un momento no especificado del futuro. La narradora, cuyo nombre nunca es revelado, se encuentra de viaje por Europa con un acompañante masculino. Mediante flashback, sus recuerdos nos llevan a Manderley. En esta mansión, ahora destruida, situada en el sur de Inglaterra, residió durante un tiempo tras su rápido matrimonio con Maxim de Winter, al que conoció en Monte Carlo cuando trabajaba como acompañante de una rica señora americana.

En contraposición a esta identidad diluida de la segunda esposa de Winter, una joven inexperta y apocada, ataviada sin gracia y torpe en su desenvolvimiento, Rebeca, la primera señora de Winter, ya muerta cuando arranca la historia, es un recuerdo hermoso y terrible que nos atormenta como  a la narradora. Su halo de misterio, su incorpórea presencia de fantasma ominoso, nos acompaña hasta el final, sin darnos tregua.

Todo en Manderley recuerda a Rebeca. Mansión y primera esposa son las verdaderas protagonistas de la historia, junto con Mrs. Danvers, devotísima ama de llaves y doncella de Rebeca, a la cual idolatra desde niña y a la cual jamás olvida. Esta mujer es un espectro que vive únicamente para perpetuar el  recuerdo de su adorada señora, llegando a extremos rayanos en la locura. Es, en mi opinión, el personaje icónico por el cual recordamos esta historia y que Hitchcock mejoró en la pantalla, dotándolo de un plus turbio y malévolo, no tan acusado en la novela.

Mrs. Danvers… ¡qué mujer!, siempre al acecho, una sombra que te pone la carne de gallina con su flotar silencioso, con su aparecer de forma sorpresiva cuando menos lo esperas. Una de las malas a tener en cuenta en la historia de la literatura y el cine. El colmo de la manipulación mental y la desviación perversa lo alcanza en la escena en la que trata de persuadir a la narradora de que salte por la ventana y acabe con su vida, porque Maxim sigue amando a Rebeca.

Así pues, cuando cada día entro en el nuevo programa, no puedo menos que imaginar la negra trenza tirante coronando la cabeza de Mrs. Danvers, y  recuerdo la famosa frase del principio. En mi caso, ahora no me cabe la menor dura, lo que voy a soñar esta noche es que vuelvo a Mendeley, no a Manderley. 

En la Biblioteca Universitaria encontrarás tanto la película como la novela. 

Rocio Martinez Bocero. Biblioteca de la Universidad de Málaga

miércoles, 17 de junio de 2015

Esencia de mujer: El canario y la máquina de coser, de Isabel Salas

Así la recuerdo: pelirroja, pecosa, con el pelo alborotado. Siempre sonriendo. No guardo memoria de la última vez que nos vimos: hace mucho de eso, como treinta años quizá. Pero con los amigos del corazón pasa algo raro: no importa el tiempo que están separados porque los reencuentros comienzan con un "decíamos ayer". Y la amistad traza senderos extraños para seguir presente: un libro, por ejemplo, que llegó de Brasil.

Foto cedida por María José Pérez Sánchez
(todos los derechos reservados)
Un día encontré en mi correo electrónico relatos y poemas de la niña de la sonrisa perenne. Mi compañera de clase vive lejos y ha crecido. Ahora es una mujer serena y moderna que se acepta tal cual, que se ha atrevido a bajarse de los tacones y a desnudar cuerpo y alma para descubrirse a si misma: sin complejos y con dudas, con la serenidad de la edad y el brillo en los ojos de la ilusión de niña. Con la cabeza llena tan llena de historias que por algún lado tenían que reventar.

Y han salido fuera como recuerdos de una infancia feliz que jugó en la calle, con el paso vacilante de la adolescente que se sube al tacón por primera vez, de los novietes, de los estudios... Una  trayectoria de mujer que comienza donde comienzan todas: en la casa, en el hogar familiar, con el hilo musical de sonidos domésticos: la máquina de coser, el soniquete de las tablas de multiplicar que se han de memorizar y el canto  del canario que siempre se arranca en los momentos más inoportunos.

Cambian los escenarios y la trayectoria vital con ellos. Los recuerdos avanzan con el discurrir de la vida: Álora, Antequera, Granada, Sevilla, Málaga... un alma vagabunda que ha encontrado su destino final en Brasil. O su comienzo. Si el cuerpo no se muda, las ideas siguen viajando por relatos y poemas; por maridos, hijos, parejas que se unen y que se separan. Vivencias que se asoman en ficciones, añoranzas y rimas y que me muestran a la amiga lejana y que me dicen de ella más, mucho más, que cualquier confidencia que quisiera contar; Collares de dolores y Sonrisas de hada, Besos de hombre...

Querida amiga: mientras leía tus "pensapoemas" y relatos reía y lloraba, me enamoraba y sentía deseo. Me emocionaba al recordarte y al descubrir a la espléndida mujer en que eres ahora y que se asoma en cada palabra. Te veo reflejada en "Cosas que se rompen": me gusta como suena con la música de nuestro amigo Felipe Rubio Vergara (no me canso de oirlo, por eso lo pongo aquí), Y hasta comparto ese testamento vital tuyo que es "Instrucciones para mi muerte".

(Música: Felipe Rubio Vergara. Letra: Isabel P. Salas
Todos los derechos reservados.
Con permiso de los autores)

Sigue escribiendo, por favor. Quiero leer más de tí y de las historias que viven en tu cabeza y que emocionan a todos aquellos a quienes se las cuentas.

Un fantástico libro para descubrir la esencia de una mujer de hoy. Lo tienes en la Biblioteca, y deberías leerlo.

María Remedios Herrera Gutiérrez. Servicio de Adquisiciones, Préstamo Interbibliográfico e Información y Referencia.