jueves, 25 de junio de 2015

"Anoche soñé que volvía a ¿Manderley? ¿Mendeley?". Rebecca

Me temo que ya nunca me saldrá a la primera el nombre de la imponente mansión de Maxim de Winter, viudo de Rebeca, presencia fantasmagórica alrededor de la cual orbita la novela homónima  que la escritora inglesa Daphne du Maurier publicó en 1938.

Si la Universidad de Málaga no estuviera en proceso de cambio hacia un nuevo gestor bibliográfico, en mi cabeza permanecería clara, distinta, la primera línea del texto y las primeras palabras de la voz en off con las que comienza la película de Alfred Hitchcock:

“Anoche soñé que volvía a Manderley”

El nombre del nuevo gestor, Mendeley, una aplicación informática para manejar citas  y referencias, nada tiene que ver con viudos atormentados, ni con esposas muertas en extrañas circunstancias, ni muchísimo menos con siniestras amas de llaves de figura enlutada, enfermizamente obsesionadas con el pasado. La similar grafía, Manderley (mansión de Winter)- Mendeley (gestor bibliográfico), y la parecida pronunciación, hacen que la gimnasia recuerde continuamente a la magnesia. Y es precisamente el recuerdo una constante en esta historia que, con sus tintes góticos, recuerda a su vez a otro gran clásico, Jane Eyre.

Como vi la película mucho antes de leer la novela, nunca tuve libertad para imaginarme los rostros de los protagonistas. Lejos de molestarme, agradezco a Hitchcock esta imposición. Creo que el cuarteto formado por Laurence Olivier (Maxim de Winter), Joan Fontaine (segunda esposa de Maxim), Judith Anderson (Mrs. Danvers, el ama de llaves) y George Sanders (Jack Favell, primo y amante de Rebeca) es, sencillamente, fantástico. No podría escoger entre novela y película, a pesar de que la adaptación cinematográfica se haya permitido varias licencias. La más notable son las circunstancias que rodean la muerte de Rebeca, ya que la autocensura hollywoodiense de la época exigió hacerla “moralmente” más aceptable.

La novela comienza en un momento no especificado del futuro. La narradora, cuyo nombre nunca es revelado, se encuentra de viaje por Europa con un acompañante masculino. Mediante flashback, sus recuerdos nos llevan a Manderley. En esta mansión, ahora destruida, situada en el sur de Inglaterra, residió durante un tiempo tras su rápido matrimonio con Maxim de Winter, al que conoció en Monte Carlo cuando trabajaba como acompañante de una rica señora americana.

En contraposición a esta identidad diluida de la segunda esposa de Winter, una joven inexperta y apocada, ataviada sin gracia y torpe en su desenvolvimiento, Rebeca, la primera señora de Winter, ya muerta cuando arranca la historia, es un recuerdo hermoso y terrible que nos atormenta como  a la narradora. Su halo de misterio, su incorpórea presencia de fantasma ominoso, nos acompaña hasta el final, sin darnos tregua.

Todo en Manderley recuerda a Rebeca. Mansión y primera esposa son las verdaderas protagonistas de la historia, junto con Mrs. Danvers, devotísima ama de llaves y doncella de Rebeca, a la cual idolatra desde niña y a la cual jamás olvida. Esta mujer es un espectro que vive únicamente para perpetuar el  recuerdo de su adorada señora, llegando a extremos rayanos en la locura. Es, en mi opinión, el personaje icónico por el cual recordamos esta historia y que Hitchcock mejoró en la pantalla, dotándolo de un plus turbio y malévolo, no tan acusado en la novela.

Mrs. Danvers… ¡qué mujer!, siempre al acecho, una sombra que te pone la carne de gallina con su flotar silencioso, con su aparecer de forma sorpresiva cuando menos lo esperas. Una de las malas a tener en cuenta en la historia de la literatura y el cine. El colmo de la manipulación mental y la desviación perversa lo alcanza en la escena en la que trata de persuadir a la narradora de que salte por la ventana y acabe con su vida, porque Maxim sigue amando a Rebeca.

Así pues, cuando cada día entro en el nuevo programa, no puedo menos que imaginar la negra trenza tirante coronando la cabeza de Mrs. Danvers, y  recuerdo la famosa frase del principio. En mi caso, ahora no me cabe la menor dura, lo que voy a soñar esta noche es que vuelvo a Mendeley, no a Manderley. 

En la Biblioteca Universitaria encontrarás tanto la película como la novela. 

Rocio Martinez Bocero. Biblioteca de la Universidad de Málaga

miércoles, 17 de junio de 2015

Esencia de mujer: El canario y la máquina de coser, de Isabel Salas

Así la recuerdo: pelirroja, pecosa, con el pelo alborotado. Siempre sonriendo. No guardo memoria de la última vez que nos vimos: hace mucho de eso, como treinta años quizá. Pero con los amigos del corazón pasa algo raro: no importa el tiempo que están separados porque los reencuentros comienzan con un "decíamos ayer". Y la amistad traza senderos extraños para seguir presente: un libro, por ejemplo, que llegó de Brasil.

Foto cedida por María José Pérez Sánchez
(todos los derechos reservados)
Un día encontré en mi correo electrónico relatos y poemas de la niña de la sonrisa perenne. Mi compañera de clase vive lejos y ha crecido. Ahora es una mujer serena y moderna que se acepta tal cual, que se ha atrevido a bajarse de los tacones y a desnudar cuerpo y alma para descubrirse a si misma: sin complejos y con dudas, con la serenidad de la edad y el brillo en los ojos de la ilusión de niña. Con la cabeza llena tan llena de historias que por algún lado tenían que reventar.

Y han salido fuera como recuerdos de una infancia feliz que jugó en la calle, con el paso vacilante de la adolescente que se sube al tacón por primera vez, de los novietes, de los estudios... Una  trayectoria de mujer que comienza donde comienzan todas: en la casa, en el hogar familiar, con el hilo musical de sonidos domésticos: la máquina de coser, el soniquete de las tablas de multiplicar que se han de memorizar y el canto  del canario que siempre se arranca en los momentos más inoportunos.

Cambian los escenarios y la trayectoria vital con ellos. Los recuerdos avanzan con el discurrir de la vida: Álora, Antequera, Granada, Sevilla, Málaga... un alma vagabunda que ha encontrado su destino final en Brasil. O su comienzo. Si el cuerpo no se muda, las ideas siguen viajando por relatos y poemas; por maridos, hijos, parejas que se unen y que se separan. Vivencias que se asoman en ficciones, añoranzas y rimas y que me muestran a la amiga lejana y que me dicen de ella más, mucho más, que cualquier confidencia que quisiera contar; Collares de dolores y Sonrisas de hada, Besos de hombre...

Querida amiga: mientras leía tus "pensapoemas" y relatos reía y lloraba, me enamoraba y sentía deseo. Me emocionaba al recordarte y al descubrir a la espléndida mujer en que eres ahora y que se asoma en cada palabra. Te veo reflejada en "Cosas que se rompen": me gusta como suena con la música de nuestro amigo Felipe Rubio Vergara (no me canso de oirlo, por eso lo pongo aquí), Y hasta comparto ese testamento vital tuyo que es "Instrucciones para mi muerte".

(Música: Felipe Rubio Vergara. Letra: Isabel P. Salas
Todos los derechos reservados.
Con permiso de los autores)

Sigue escribiendo, por favor. Quiero leer más de tí y de las historias que viven en tu cabeza y que emocionan a todos aquellos a quienes se las cuentas.

Un fantástico libro para descubrir la esencia de una mujer de hoy. Lo tienes en la Biblioteca, y deberías leerlo.

María Remedios Herrera Gutiérrez. Servicio de Adquisiciones, Préstamo Interbibliográfico e Información y Referencia.

miércoles, 10 de junio de 2015

La espada y la palabra. Vida de Valle-Inclán, de Manuel Alberca. XXVII Premio Comillas 2014

Manuel Alberca (Arenales, 1951) es doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático de literatura en la Universidad de Málaga. Ha sido profesor invitado en diversas universidades europeas y es miembro de la Unidad de Estudios Biográficos de la Universidad de Barcelona. Entre sus trabajos sobre la literatura auto/biográfica destacan los títulos La escritura invisible y El pacto ambiguo

La obra de Ramón del Valle-Inclán (Villanueva de Arosa, 1866 – Santiago de Compostela, 1936) ocupa un lugar destacado en la Historia de la literatura española, y su brillante y contradictoria personalidad sigue concitando hoy la curiosidad del público. La grandeza del hombre y la importancia de su obra merecían una biografía documentada, selectiva y rigurosa, que actualizase y superase aquellas que propalaron un perfil legendario, cómico o  hagiográfico del personaje. 

La espada y la palabra. Vida de Valle-Inclán (Barcelona, Tusquets, 2015), que ha publicado Tusquets en abril de 2015, es un intento de comprensión e interpretación crítica de la idiosincrasia y del derrotero personal del escritor a través de un relato, que aspira a ser solvente, útil y ameno. En el umbral del 80º aniversario de la muerte y del 150º del nacimiento del escritor que se celebrará en 2016, quisiera contribuir con esta biografía al conocimiento de la vida de Valle-Inclán y a la difusión de una obra literaria única e imprescindible para comprender algunos avatares pasados y presentes de la Historia de España.

Una biografía imprescindible que puedes encontrar en nuestra Biblioteca.

Manuel Alberca. Catedrático de Literatura

miércoles, 3 de junio de 2015

Leído en otros blogs: Un método peligroso, de David Cronenber.

Que nos gustan las reseñas de nuestro colaborador Siroco es ya sabido. Así que otro mes más nos vamos de visita a blog para traeros una propuesta audiovisual. ¿Qué mejor que empezar el mes con una película? Y si la recomendación viene de nuestro querido amigo la calidad está asegurada. No te olvides que puedes encontrar esta peli en nuestra Biblioteca, y también en la Biblioteca Pública más cercana a tu casa. ¡Disfruta!

No suelo entrar a comentar sobre peliculas, sin embargo, he decidido comentar "Un método peligroso", una interesante película de David Cronenberg sobre una época europea tan influyente como es los comienzos del siglo XX, centroeuropa era un hervidero de movimientos sociales, culturales e intelectuales; concretamente la película trata sobre las relaciones profesionales de Freud y Jung. Dos médicos que originaron toda una revolución científica en el mundo de la psiquiatría. Freud hizo temblar los muros de la sabiduría colegiada con su empecinada doctrina sobre la curación mediante la búsqueda del propio paciente en su pasado de los traumas que le acompañan invisibles y subyacentes, todo lo resolvía mediante el análisis de la sexualidad reprimida, buscar las causas para encontrar la solución.

Freud fundador del psicoanálisis encontró en el joven Jung su delfín, su continuador, sin embargo tras una intensa relación personal y profesional, el fracaso de tal expectativa cristaliza cuando Jung quiere buscar más allá de los límites impuestos por el austríaco, ir más a las fuentes, al origen, allá donde Freud teme perder su autoridad y prestigio.

La película nos acerca al tratamiento con el que el Dr.Jung ( en una sólida interpretación de Michael Fassbender) ayuda a una paciente, Sabina Spielrein (en una fantástica interpretación de Keira Knigthley) a superar una crisis emocional que le obliga a ser internada en el psiquiátrico de Suiza donde trabaja el Dr. Jung.

El tratamiento de la culta, inteligente y atractiva paciente de Jung, junto con el método de curación, el psicoanálisis propuesto por Freud (interpretación de Viggo Mortensen que deja que desear), origina una transferencia y contratransferencia, una implicación de Jung afectiva y pasional sobre la vida de la enferma que da lugar a una tortuosa y maravillosa relación sexual entreambos.

Tal vez el acierto de la película radique en lo contenido del ritmo y en el asunto elegido, aunque  habría que poner un pero al excesivo uso de primeros planos, sobre todo en la primera parte del film. Sin duda también la interpretación de un secundario como Vincent Cassel en el papel del Dr. Otto Gross, un médico austríaco psiquiatra, psicoanalista y anarquista, disidente de Freud y envíado a ser tratado por Jung da redondez al ritmo de la película, la relación y el transfer entre ambos cambia más a Jung que al propio Gross.

En definitiva, una película muy interesante que nos impulsa a saber más de aquel decenio 1903-1913 en una Europa que se avecinaba a la Primera Guerra Mundial.

A lo largo de la película la figura de Sabina Spielrein va ganando y creciendo, constituyendo finalmente el personaje principal. La manera que evoluciona de paciente a convertirse en médico psiquiatra nos hace querer investigar más sobre esta rusa que muere en Rusia en 1941 fusilada en una sinagoga.

Para saber más, Jesús Aguado en la Opinión de Málaga propone una novela de Editorial Siruela "La verdadera historia de Sabina Spielrein" de Karsten Alnaes que no solo cuenta en más detalle el argumento de la película sino que sigue el camino de ésta hasta su fallecimiento.

En definitiva, se recomienda verla.

Buena semana.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Olvidado Rey Gudú. La saga fantástica de Ana María Matute.

Olvidado Rey Gudú es una de las grandes obras que nos ha dejado nuestra admirada Ana Mª Matute. Una novela intensa que no deja a nadie indiferente. O la tomas o la dejas. Si no te engancha su historia en un primer momento, probablemente desistas (quizá no sea el momento). Si te atrapa, devorarás con avidez sus páginas, presurosa de descubrir todos los detalles y entresijos de una historia, capaz de mantenerte expectante hasta sus últimas líneas.

Aunque por sus características se trata como mencionaba anteriormente de una novela, personalmente me gusta referirme a ella como a un cuento. Uno grande, con mayúsculas. Es un regalo para los que nos gusta servirnos de la fantasía no ya como un último vestigio de nuestra infancia o juventud, sino como otra dimensión de ver o interpretar la vida. Me gusta pensar que los cuentos son como la vida en verso, una forma amable de representarla.

Matute me ha llevado de viaje por las tierras que forman y conquista el Reino de Olar. Nuestra autora, sirviéndose de sus personajes (me descubro ante tamaño despliegue de imaginación) nos invita a observar un análisis personal sobre el comportamiento humano. La insignificancia del hombre a veces y la grandeza de sus actitudes, otras. La pequeñez del egoísmo, la mezquindad de la manipulación, la tiranía del poder o el control. Más que riqueza, control. Sobre la vida y la muerte.

En su árbol genealógico encuentro bárbaros y feroces guerreros como Sikrosio y Volodioso. Ancio, Bancio, Cancio, Dancio, Encio, Funcio seis toscos hermanos cuya envidia y mezquindad provocan su propia aniquilación. Almíbar no podía ser más que dulzura y bondad, aunque en mi opinión, aderezado con un punto de impersonalidad. Reconozco al hijo que cualquier padre deseara, en Predilecto. Con Ardid descubrí la inteligencia, la astucia, la sagacidad. Aunque el ejercicio del control absoluto, tanto del presente como del futuro, de lo físico y lo moral, cuestionará la eficacia de sus artimañas. Tontina me devolvió a la infancia. Alrededor del árbol de los juegos, de la mano de viejos conocidos, retomé el gusto por la fantasía, la incoherencia, la inconsciencia. Con la Ondina me resulta familiar la coincidencia de erotismo y sensualidad con la idiotez más absoluta. Gudulina, la reina Urdska… espero no dejar a ninguno en el tintero.

Por último nuestro protagonista, el Rey Gudú. Alguien diseñado para el triunfo. Valeroso, audaz, indestructible, predestinado a pertenecer a ese selecto grupo a los que sus hazañas los conducen a la inmortalidad. Su madre urdió hasta el último detalle para que su hijo fuera grande entre los grandes. Incapacitándolo para el amor lo concibió invencible protegiéndolo así del sufrimiento. Sin embargo no todo es controlable. El destino posiblemente tenga la última palabra.

Una saga familiar que disfrutar y que puedes encontrar en nuestra Biblioteca

Mª Carmen Díaz Pérez. Biblioteca de Industriales y Politécnica.

miércoles, 20 de mayo de 2015

El mundo de los demás. Las ciudades vistas por José Antonio Bablé.

José Antonio Bablé ha ejercido la crítica teatral y literaria para distintos medios especializados. Es coautor de “Andalusia”, antología poética de autores contemporáneos andaluces, para la revista italiana “Bollettario”, dirigida por Edoardo Sanguineti, que fue un eterno candidato al Premio Nobel. Al castellano ha traducido a Montale, Ungaretti, Pavese, Sinisgalli, Frabotta… Su primer libro de poemas, “Una cierta mirada”, data de 1998 y fue publicado en la colección de bolsillo de la Excma. Diputación Provincial de Cádiz. A su segundo libro, “Presente anterior”, 2006, le fue concedido el Premio Villa de Cox, siendo publicado por la editorial valenciana Pre-Textos al año siguiente. 

Durante la hermosa y breve aventura del periódico “El independiente” de Cádiz, aparecieron en él publicados unos relatos cortos sobre ciudades. En ellos, los fines de semana, José Antonio Bablé hacía girar en torno a una urbe determinada sus monumentos y panoramas, convocando a los escritores vinculados con sus calles y desplegando estados de ánimo y gastronomía. Los relatos se acompañaban de una ilustración. 

Estos textos publicados y alguno más fueron reunidos más adelante con sus ilustraciones en 2014 por la editorial “Libros Canto y cuento” con el título El mundo de los demás

Son unos relatos para detenerse y demorarse en situar una estatua de bronce o un palacio, conocer los ingredientes de un plato difícil de pronunciar y finalmente buscar la biografía y los versos de un escritor; y las telas de un pintor.

Deambulamos en este libro por calles vacías, como visitantes en un desafortunado día festivo en compañía aburridas o pedantes. En otras ocasiones en nuestro recorrido surge y nos conforta un hecho histórico, reconocemos un estilo arquitectónico o unas voces de poetas. O bien buscamos otro modo de redención en las bebidas y delicias exóticas. Hay relatos en los esperamos que alguien pronuncie las palabras justas o a alguien que sencillamente no acudirá. Pero también los hay en los que nos divertimos con suegras, funcionarias, contrabandistas, pícaros jubilados o jóvenes ilusos.

Las ilustraciones fueron realizadas en su mayoría con una tableta y su lápiz electrónico. Se agilizó todo el proceso contando con el trabajo por capas, la facilidad de las rectificaciones y la coloración. El principal inconveniente es la relativa imprecisión de los trazos.  

Un hermoso paseo que comienza en nuestra Biblioteca.

Patricio Carretié Warleta. Biblioteca General.


miércoles, 13 de mayo de 2015

Las Noches áticas de José Antonio Padilla (1975-2009). (Cuando se cumplen diez años de la publicación de Colección de olas)

Noches áticas es el primer libro de poemas publicado por José Antonio Padilla (Álora, 1975-2009), autor también de Colección de olas (Málaga, Puerta del Mar, 2004), un conjunto de aforismos (o greguerías o mínimos poemas, que todo ello puede decirse) deudores tanto de las vanguardias españolas (desde el ya clásico Gómez de la Serna al malagueño Rafael Pérez Estrada), como del gusto por la sentencia de la Andalucía más honda: “Vivimos en el extrarradio de nosotros mismos”. 

Aquella breve colección (cuyo autor prefiere llamar aforismos antes que poemas) adelantaba algunas de las características que singularizan estas Noches áticas. Y la primera de ellas se encuentra en el mismo título: el gusto por la ambigüedad y el concepto. Porque estas noches áticas, que remiten al mundo clásico y al afán recopilador del erudito romano A. Gelio, aluden también (tal y como apunta Justo Navarro en el prólogo que abre el volumen) a una historia de amor vivida en el ático de un moderno edificio. Clasicismo y modernidad encerrados en tan solo dos palabras. 

Contención, brevedad o sugerencia pueden definir con cierta exactitud el contenido de este leve (por lo alado) poemario. Porque tal y como José Antonio Padilla afirma en la poética que acompaña a los textos incluidos en Frontera sur (una amplia y modélica antología de poesía joven malagueña, compilada por Francisco Ruiz Noguera): “Lo dicho importa tanto como lo no dicho”. Una reflexión que se apoya, inequívocamente, en la poética de Paul Celan (quien da título a uno de los poemas del libro “Tango de muerte: P. Celan”), pero también en la de sus defensores en lengua española: Jorge Guillén, José Ángel Valente, Jaime Siles..., e incluso en los más cercanos: María V. Atencia, Justo Navarro o Salvador López Becerra.

Esta poética del silencio (o minimalismo), que trata de extraer del lenguaje sus más hondas significaciones, no renuncia por ello a unos recursos estilísticos que a lo largo de la historia de la literatura han demostrado su eficacia para traducir la esencialidad poética. Así, se encadenan las sinestesias (“En el sordo crepúsculo”, “El chillido del calor”, “Suave claridad”), las paradojas, a veces resueltas en forma de antítesis (“Nada me destruyó tanto como mi fuerza” “La transparencia de la historia está grabada en piedra”, “Trae el día una luz acelerada, casi sombras”), las anáforas y paralelismos (“Bailarás sobre..., Bailarás sobre..., Bailarás sobre...”) Incluso se utilizan metros clásicos (heptasílabos de rima asonantada en el poema dedicado a Celan) o se ensaya un tipo de poema próximo a la rima becqueriana (tres estrofas construidas en paralelo concluyen en una última que da sentido al texto) en “No hay otra forma de vivir”.

No faltan tampoco los homenajes explícitos a toda una serie de autores cuyo denominador común es el exilio y la hondura poética (Brodsky, Celan, Larkin, Costafreda), pero también las alusiones veladas a uno de los grandes poetas españoles, San Juan de la Cruz, punto de referencia de la poética del silencio por su defensa de la insuficiencia de la palabra para expresar la inefabilidad. En el poema en prosa “Claridad” (una de las formas poéticas más arriesgadas y mejor resueltas del libro) se oyen ecos de la Noche oscura del alma. La luz divina que guía a la amada a través de las tinieblas de la noche se ha encarnado en un cuerpo desnudo: “Fue tu cuerpo desnudo la más hermosa claridad de la noche”. Y en “Ausencia” el éxtasis místico, que en San Juan de la Cruz se expresaba a través de exclamaciones (Oh noche...), se ha transformado ahora en qué (“Qué lugares. / Qué Atántidas desnudas. / Qué provincias...”), aunque paradójicamente (una de las figuras preferidas por el autor) el éxtasis esté provocado no por la unión con la amada sino por su ausencia (“También tu ausencia es un afrodisíaco”).

En definitiva, un poemario que ha sabido unir con sabiduría poética la hondura del minimalismo con recursos y estrofas tomados de la tradición clásica. Un viaje hacia la esencialidad que puede seguirse cotejando aquellos textos publicados en Frontera sur (entonces inéditos) y que, vueltos a publicar ahora, han perdido casi la mitad de sus versos. 


Antonio Aguilar 
(Reseña escrita en julio de 2007, pero que, por diversas circunstancias, no ha sido publicada hasta ahora)

José Antonio Padilla está en nuestra Biblioteca y entre su obra encontrarás Noches áticas. Búscalo.